lunes, 29 de mayo de 2017

¡ESTE VINILO ESTÁ MUY VIVO!

La demanda del formato musical más "vintage" sigue su progresión ascendente y se convierte en el soporte físico más longevo preferido en la era digital


Javier Sánchez y su hija Olivia, tras dos portadas emblemáticas. Pasado, presente y futuro del comprador de vinilos
Javier Sánchez y su hija Olivia, tras dos portadas emblemáticas. 

2017 lleva camino de convertirse en el año del vinilo. Según un informe publicado por el diario británico The Independent, las ventas de discos en este formato superarán los 1.000 millones de dólares, algo que no sucedía desde la lejana década de los ochenta. Las números son abrumadores: a finales de diciembre del año pasado, la cifra de ventas de discos de vinilo superaba por primera vez a la de descargas digitales en el Reino Unido. En nuestro país, mientras el CD está de capa caída, el formato clásico vive una segunda juventud y sus ventas casi se han cuatriplicado desde el año 2007, según los datos aportados por Promusicae. El Record Store Day, que se celebra desde el año 2007 el tercer sábado de abril, se ha convertido en una cita ineludible para los amantes de la música. En el 2015 se vuelve a recuperar en Reino Unido la lista de vinilos más vendidos… ¿a qué se debe este revival? O más bien, ¿quiénes son los “cuidadores” y “salvadores” de los clásicos discos de acetato? En el siguiente reportaje buscamos las respuestas.


   Escena del film "Alta Fidelidad" (2000)

La película del año 2000 "Alta Fidelidad", basada en la novela homónima de Nick Hornby publicada en 1995, está protagonizada por Rob Fleming, el entrañable y neurótico propietario de Championship Vinyl, una pequeña tienda de discos para coleccionistas ubicada en un barrio londinense . La novela transcurre a mediados de los años 90 y a través de las vivencias de Fleming, los lectores podemos conocer el perfil de comprador de discos de la época: joven, melómano, romántico, un poco freak. Javier Sánchez, “casicuarenta años”, profesor de primaria y músico, fue uno de esos jóvenes a contracorriente de principios de los noventa: “Recuerdo perfectamente el precio de mi primer disco de vinilo: 1.275 pesetas del año 1988. Durante un par de meses estuve haciendo “ajustes” en la paga para poder comprarlo”, “Aquí lo tenéis”, nos muestra, “el Appetite for Destruction, ¡ojo, con la portada original! , que más tarde fue censurada, al parecer por el tema de que aparecía una violación, y entonces fue cuando ya se publicó la portada de la de la cruz con las calaveras, bastante más conocida”, nos explica Javier.

Javier nos muestra su primer disco con la polémica portada censurada de los Guns n’ Roses
Javier nos muestra su primer disco de los Guns n’ Roses
En la actualidad, Javier encaja a la perfección en uno de los perfiles más comunes del buscador de elepés del siglo XXI: hombre entre 30 y largos y 50 y pico años, amante de la música e incansable coleccionista, es decir, la persona en la que ha convertido el joven melómano, romántico y un poco freak que describía Hornby en su novela. Sin  embargo, y aunque el perfil de Javier constituye el grueso de los compradores de discos, la legión de adoradores del vinilo se ha diversificado y ha irrumpido con fuerza un nuevo tipo de consumidor: el joven hipster.

Sandra Vilas, viguesa estudiante de Bellas Artes, de 21 años de edad es ejemplo del nuevo fan de los "discos grandes".Reconoce que no comenzó a interesarse por los mismos hasta hace un par de años: “Soy de la generación digital. La mayoría de la música que consumo no la tengo en soporte físico. No sé si tendré ni siquiera veinte cedés, y la mayoría de ellos han sido regalos”, admite Sandra. Se confiesa poco usuaria de las tiendas de discos físicas y amante de Amazon, ya que  “cuando compro en Amazon suelen regalarte con el vinilo la versión .mp3 para que te la descargues. Así mato dos pájaros de un tiro”, afirma Sandra.


No tienen nada que ver las portadas de un vinilo con las de un cedé. Eso sin contar las portadas creadas especialmente para la edición en disco, algunas verdaderas joyas….Basta con coger, por ejemplo, el Physical Graffiti, de Led Zeppelin y comparar. Mira la portada en vinilo, lo que aparece detrás de las ventanas, cambia si tú quieres. Podría decirse que es interactiva. Sencillamente, no hay color” , sentencia Suso Maside, propietario del último bastión de la venta de elepés en Ourense, Peggy Records, más conocida como “El Peggy”, cuya apertura se produjo hace ya más de veinte años. Maside afirma que la cuestión estética cuenta y mucho a la hora de decantarse por los vinilos y reconoce aprovecharse de ello en cierta manera, “tenemos un espacio reservado en una pared en la que colgamos, a modo de exposición, las principales novedades del mercado discográfico. Por supuesto, colgamos las portadas más bonitas, impactantes o sencillamente las más llamativas. Te aseguro que la gente se fija y mucho”.

Esta especie de fetichismo en torno a los discos de vinilo – fetichismo que los asemeja a los amantes del libro en papel-, sumado al afán coleccionista, constituye el pilar fundamental que ha permitido que el formato del vinilo perviva y que, incluso en la actualidad crezca su número de incondicionales. Sin embargo ¿qué pasará con el “disco grande” a medio o largo plazo, por ejemplo, a veinte años vista?: “En la película de Cameron Crowe, Casi Famosos, hay un momento soberbio: la hermana del protagonista se marcha de casa al cumplir los 18, huyendo de una madre demasiado posesiva. En ese momento,  él es un chaval de 12 o 13 años. Un día, debajo de la cama de su hermana, encuentra su colección de discos. Los va pasando poco a poco, los mira, los toca, fascinado. Y después pone uno de ellos- de The Who, creo- y el disco gira y gira y gira….”, cuenta Maside. Y continúa: “Pues eso, mientras haya gente que ame el vinilo por lo que es y representa, también por sus defectos, o precisamente por sus defectos, se seguirá comprando y vendiendo”, afirma convencido.

  
Escena de la película Almost Famous (2000)

Y, como no, para la pervivencia del vinilo, serán necesarias familias que “pasen el testigo”. Como Javier y Sandra. Tío y sobrina. Ellos continúan infatigables su peculiar “evangelización” y nos dan la clave: mientras exista gente que se contagie de ese “gusanillo”, siempre habrá universos girando a 33 revoluciones por minuto.Y es que ya en el 74 los británicos Mott the Hoople nos cantaban: “Gonna bring your records (Ohh, will do) Made it! “Bajen la aguja y …¡a disfrutar!

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