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| Javier Sánchez y su hija Olivia, tras dos portadas emblemáticas. |
2017 lleva camino de convertirse en el año del vinilo. Según un informe publicado por el diario británico The Independent, las ventas de discos en este formato superarán los 1.000 millones de dólares, algo que no sucedía desde la lejana década de los ochenta. Las números son abrumadores: a finales de diciembre del año pasado, la cifra de ventas de discos de vinilo superaba por primera vez a la de descargas digitales en el Reino Unido. En nuestro país, mientras el CD está de capa caída, el formato clásico vive una segunda juventud y sus ventas casi se han cuatriplicado desde el año 2007, según los datos aportados por Promusicae. El Record Store Day, que se celebra desde el año 2007 el tercer sábado de abril, se ha convertido en una cita ineludible para los amantes de la música. En el 2015 se vuelve a recuperar en Reino Unido la lista de vinilos más vendidos… ¿a qué se debe este revival? O más bien, ¿quiénes son los “cuidadores” y “salvadores” de los clásicos discos de acetato? En el siguiente reportaje buscamos las respuestas.
Escena del film "Alta Fidelidad" (2000)
En la actualidad, Javier encaja a la perfección en uno de los perfiles más comunes del buscador de elepés del siglo XXI: hombre entre 30 y largos y 50 y pico años, amante de la música e incansable coleccionista, es decir, la persona en la que ha convertido el joven melómano, romántico y un poco freak que describía Hornby en su novela. Sin embargo, y aunque el perfil de Javier constituye el grueso de los compradores de discos, la legión de adoradores del vinilo se ha diversificado y ha irrumpido con fuerza un nuevo tipo de consumidor: el joven hipster.
Sandra Vilas, viguesa estudiante de Bellas Artes, de 21 años de edad es ejemplo del nuevo fan de los "discos grandes".Reconoce que no comenzó a interesarse por los mismos hasta hace un par de años: “Soy de la generación digital. La mayoría de la música que consumo no la tengo en soporte físico. No sé si tendré ni siquiera veinte cedés, y la mayoría de ellos han sido regalos”, admite Sandra. Se confiesa poco usuaria de las tiendas de discos físicas y amante de Amazon, ya que “cuando compro en Amazon suelen regalarte con el vinilo la versión .mp3 para que te la descargues. Así mato dos pájaros de un tiro”, afirma Sandra.
Sandra Vilas, viguesa estudiante de Bellas Artes, de 21 años de edad es ejemplo del nuevo fan de los "discos grandes".Reconoce que no comenzó a interesarse por los mismos hasta hace un par de años: “Soy de la generación digital. La mayoría de la música que consumo no la tengo en soporte físico. No sé si tendré ni siquiera veinte cedés, y la mayoría de ellos han sido regalos”, admite Sandra. Se confiesa poco usuaria de las tiendas de discos físicas y amante de Amazon, ya que “cuando compro en Amazon suelen regalarte con el vinilo la versión .mp3 para que te la descargues. Así mato dos pájaros de un tiro”, afirma Sandra.
Experiencia sensorial completa, ritual y estética. El tamaño sí importa.
“No tienen nada que ver las portadas de un vinilo con las de un cedé. Eso sin contar las portadas creadas especialmente para la edición en disco, algunas verdaderas joyas….Basta con coger, por ejemplo, el Physical Graffiti, de Led Zeppelin y comparar. Mira la portada en vinilo, lo que aparece detrás de las ventanas, cambia si tú quieres. Podría decirse que es interactiva. Sencillamente, no hay color” , sentencia Suso Maside, propietario del último bastión de la venta de elepés en Ourense, Peggy Records, más conocida como “El Peggy”, cuya apertura se produjo hace ya más de veinte años. Maside afirma que la cuestión estética cuenta y mucho a la hora de decantarse por los vinilos y reconoce aprovecharse de ello en cierta manera, “tenemos un espacio reservado en una pared en la que colgamos, a modo de exposición, las principales novedades del mercado discográfico. Por supuesto, colgamos las portadas más bonitas, impactantes o sencillamente las más llamativas. Te aseguro que la gente se fija y mucho”.
Esta especie de fetichismo en torno a los discos de
vinilo – fetichismo que los asemeja a los amantes del libro en papel-, sumado
al afán coleccionista, constituye el pilar fundamental que ha permitido que el
formato del vinilo perviva y que, incluso en la actualidad crezca su
número de incondicionales. Sin embargo ¿qué pasará con el “disco grande” a
medio o largo plazo, por ejemplo, a veinte años vista?: “En la película de
Cameron Crowe, Casi Famosos, hay un momento soberbio: la hermana del
protagonista se marcha de casa al cumplir los 18, huyendo de una madre demasiado
posesiva. En ese momento, él es un
chaval de 12 o 13 años. Un día, debajo de la cama de su hermana, encuentra su
colección de discos. Los va pasando poco a poco, los mira, los toca, fascinado.
Y después pone uno de ellos- de The Who, creo- y el disco gira y gira y gira….”,
cuenta Maside. Y continúa: “Pues eso, mientras haya gente que ame el vinilo
por lo que es y representa, también por sus defectos, o precisamente por sus
defectos, se seguirá comprando y vendiendo”, afirma convencido.
Escena de la película Almost Famous (2000)
Y, como no, para la pervivencia del vinilo, serán necesarias familias que “pasen el testigo”. Como Javier y Sandra. Tío y sobrina. Ellos continúan infatigables su peculiar “evangelización” y nos dan la clave: mientras exista gente que se contagie de ese “gusanillo”, siempre habrá universos girando a 33 revoluciones por minuto.Y es que ya en el 74 los británicos Mott the Hoople nos cantaban: “Gonna bring your records (Ohh, will do) Made it! “Bajen la aguja y …¡a disfrutar!


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